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La Historia del "Greenfreeze"

Resumen: Hace 10 años la industria mundial de la refrigeración y el aire acondicionado comenzó a enfrentarse con la necesidad de una reconversión forzada, producto de un acuerdo global de protección ambiental legalmente vinculante: el Protocolo de Montreal sobre Sustancias que Agotan la Capa de Ozono.
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Autor: Greenpeace Argentina

GREENPEACE ARGENTINA LANZARÁ SU CAMPAÑA DE SOLUCIONES Y PROPUESTAS PRESENTANDO LOS PRIMEROS PRODUCTOS REALIZADOS CON LA TECONOLOGÍA GREENFREEZE. 

INTRODUCCIÓN 

Hace 10 años la industria mundial de la refrigeración y el aire acondicionado comenzó a enfrentarse con la necesidad de una reconversión forzada, producto de un acuerdo global de protección ambiental legalmente vinculante: el Protocolo de Montreal sobre Sustancias que Agotan la Capa de Ozono. El asunto era simple: heladeras, freezers domésticos y comerciales al igual que los sistemas de aire acondicionado son la mayor causa de destrucción de la capa de ozono debido a que utilizan en sus sistemas aislantes y refrigerantes gases CFCs (cloroflurocarbonos), cuyo daño acelerado sobre la vital capa de ozono alarmó a la comunidad científica que los gobiernos, a pesar de las presiones de la industria química productora de CFCs (por ejemplo Du Pont, ICI, Hoechst, entre otras). Las empresas no tuvieron más remedio que tomar cartas en el asunto y tuvieron que prohibir los CFCs. Sin embargo, la industria química no tardó en desarrollar gases sustitutos de los CFCs a los que llamó sus “soluciones ambientales”. Rápidamente, comenzaron a circular los catálogos de los nuevos gases que Du Pont, Elf Atochem, ICI y Hoechst, habían preparado como “contribución” a resolver el problema. La refrigeración es una necesidad en la sociedad actual y es un negocio jugoso producir el insumo básico: el gas refrigerante. Con los CFCs con fecha de vencimiento legal, la industria lanza al mercado sus dos grandes novedades para la industria de refrigeradores y freezers: Los HCFCs (hidrocloroflurocarbonos) y los HFCs (hidroflurocarbonos). En refrigeración los CFCs tienen básicamente dos usos: el CFC-11 como agente de expansión de la espuma aislante (inserta en puertas y paredes de las heladeras) y el CFC-12 como refrigerante (en el circuito del comprensor, la “bocha” negra que toda heladera lleva detrás). En la jerga de la industria se los llama R11 o R12 y algunos usan el nombre comercial de Du Pont, “Freón 11 y 12”. Para la espuma aislante (CFC-11) la industria preparó un HCFC llamado HCFC-141b. Este gas también daña el ozono, aunque en menor medida que los CFCs y por eso el Protocolo de Montreal no aplica sobre estos calendarios de eliminación tan estrictos, pudiendo ser utilizados más allá del año 2015. 1 

Greenpeace siempre argumentó ante el Protocolo que tal argumento era engañoso debido a que, de acuerdo al Panel de Evaluación Científica del Protocolo de Montreal, el período más crítico para la capa de ozono iba del año 1998 al 2005, con la cual –por menor que fuera– la contribución a la destrucción del ozono de los HCFCs se haría sentir de todas formas. Para reemplazar al CFC-12 en el circuito refrigerante, la industria creó su gran caballito de batalla: el HFC-134ª. Este gas no daña la capa de ozono al no tener en su formulación el átomo de cloro (Cl). Sin embargo, nada se dijo del impacto que tenía sobre el cambio climático. Los HFCs en general y el HFC-134ª en particular son potentes gases de efecto invernadero. El Protocolo de Kyoto que entiende en las sustancias con potencial de calentamiento global toma como gas de referencia al dióxido de carbono (CO2). Según el Protocolo de Kyoto las emisiones de HFCs deben ser evitadas y en lo posible disminuidas. El potencial de calentamiento global del HFC-134ª es de 3.200 aquel del CO2. Sin embargo, la industria ha hecho una feroz publicidad respecto de que el HFC-134ª es “ecológico”: basta recorrer los talleres de recarga de aire acondicionado automotriz de la porteña Avenida Warnes para ver los carteles de “Gas Ecológico”, en la puerta de estos establecimientos. Inclusive se han llegado a etiquetar como “ecológicas” heladeras conteniento este gas en franco engaño a los consumidores. Enfrentando a la industria química en su propio terreno... A principios de 1992, Greenpeace Alemania decidió salir a enfrentar el engaño de los sustitutos “ambientales” que proponían los gigantes de la industria química. Pero a diferencia de otras campañas con un perfil más de choque, Greenpeace encaró esta confrontación lanzando una campaña en el contexto de lo que se llamó “Soluciones Greenpeace”. Esta vez el arma no fue un cartel ni el tradicional gomón. Greenpeace enfrentó a la industria con tecnología superior. Junto a la Dra.en Química Helga Praizendanz, del Instituto Dortmund, Greenpeace Alemania financió el desarrollo del primer prototipo de una heladera que reemplazó el CFC-11 y 12 por gases naturales totalmente inocuos para el ozono y el clima. Sin cambios radicales, se mantuvo el sistema de refrigeración por comprensión y espuma aislante, Greenpeace demonstró que no eran necesario cambiar por el HCFC-141b y el HFC-134ª. Millones de dólares invertidos en el desarrollo de estos gases por parte de la industria química podían quedar en la nada, ya no porque pesara una prohibición sobre el daño que provocan sino porque directamente se convertían en tecnología obsoleta. La industria química atacó a Greenpeace ferozmente argumentando que se trataba de peligrosos gases explosivos que el mundo de la refrigeración había abandonado hacía años y que inclusive consumía más electricidad. El caso de Alemania Oriental Los principales fabricantes de refrigeradores y freezers de Alemania (Bosch, Siemens, AEG, entre otros) le dieron la espalda al proyecto. Sin embargo, una pequeña y poco competitiva fábrica de heladeras de Alemania Oriental, cercana a la quiebra por la imposibilidad de competir con la poderosa industria de Alemania occidental, apostó por la idea de Greenpeace. 2 

En 1993 se fabricó el primer refrigerador doméstico del mundo con ciclopentano como espuma aislante y propano/butano como refrigerante. A simple vista una heladera más, por eso el slogan de Greenpeace fue “parece blanca, pero es verde”. Greenpeace Alemania lanzó una campaña publicitaria comunicando la noticia a los consumidores. Foron, como se llama esta pequeña empresa, vendió en menos de un mes 50.000 heladeras y no cerró sus puertas ni despidió a sus empleados. Greenpeace accidentalmente había descubierto, además, que salvar el medio ambiente podía también salvar puestos de trabajo. “Soluciones Greenpeace” se había transformado en la nueva y potente pieza de campaña que la organización comenzaría a hacer global. En apenas meses los gigantes Alemanes y Europeos de la refrigeración se reconvirtieron a la tecnología “Greenfreeze”, como terminó llamando Greenpeace a su invento, que además no patentó y por lo tanto se convirtió en tecnología de libre acceso. El Greenfreeze Argentino En 1994, Greenpeace Argentina invitó a una conferencia de prensa para presentar en sociedad dos modelos alemanes de refrigeradores “Greenfreeze”. A la cita acudieron también representantes de las industrias locales de heladeras. En aquel entonces, el Fondo Multilateral del Protocolo de Montreal ofrecía donaciones a las fábricas de heladeras para la reconversión que por obligación del Protocolo debían realizar para abandonar los CFCs. La misma puja que en Europa ocurrió en la Argentina cuando representantes de la industria química salieron a convencer a los fabricantes locales de no adoptar la tecnología “Greenfreeze”. Inclusive se dio el caso de fabricantes multinacionales que al tiempo que producían heladeras con estos gases inocuos en el viejo continente, se negaban a hacerlo aquí aduciendo todo tipo de excusas que iban desde los costos hasta la “peligrosidad” de la tecnología. Los folletos de la industria química sobre las bondades del HFC-134ª y el HCFC-141b pronto comenzaron a “competir” con los folletos de Greenpeace sobre las ventajas técnicas y ambientales de la tecnología “Greenfreeze”. Cuestiones como la inflamabilidad del isobutano se disiparon pronto cuando la industria descubrió que se trataba de apenas la carga equivalente a dos encendedores y a los beneficios pronto se sumo el hecho de que el isobutano consume menos energía eléctrica que el HFC-134ª. Información de Alemania distribuida por Greenpeace Argentina sobre problemas técnicos con el HCFC-141b y mostrando al ciclopentano como superior ambiental y tecnológicamente, logró hacer que la mayoría de la industria local rechazara adoptar el HCFC-141b y optara por la propuesta de Greenpeace para la espuma aislante. Cabe aclarar que industrias como Elf hicieron grandes esfuerzos con talleres y seminarios en importantes hoteles de la Capital Federal para convencer a los ingenieros de la industria local que terminó finalmente en un gran fracaso. Hoy el ciclopentano es la opción dominante de la industria en toda la región. Sin embargo, no ocurrió lo mismo con el HFC-134ª. Allí la industria jugó fuerte y logró bloquear al isobutano. Si bien hubo varias empresas que de todas formas presentaron proyectos en los que la opción de refrigerante era isobutano, casi todas ellas quebraron durante fines de la década del noventa. 3 

4 Greenpeace / noviembre de 2003 Sobreviviente La única sobreviviente de esta historia es AutoSal S.A. que opera con las marcas Koh-i-noor y Columbia. Luego de 10 años de arduo trabajo, ambas marcas lanzan al mercado los primeros modelos totalmente libres de los nocivos HCFCs y HFCs. El primer refrigerador “Greenfreeze” de América del Sur es argentino al igual que sus dueños. Se trata de una firma que lucha por sobrevivir como la mayoría de la industria nacional. Ellos, al igual que Foron, están jugando hoy una carta importante que atendiendo al medio ambiente y al empleo que genera la industria nacional (en franco retroceso frente a la feroz competencia de heladeras de Brasil) los consumidores argentinos deberíamos tener en cuenta a la hora de decidir el impacto ambiental y social de la heladera que compramos. ACLARACION: Greenpeace promueve la tecnología y no las marcas. El no patentamiento del desarrollo “Greenfreeze” hace posible que todas las fábricas puedan hacerlo. Si una empresa pequeña de nuestro país pudo hacerlo con más razón pueden, y deben hacerlo, gigantes como Bosch, Electrolux y Whirlpool que fabrican estos refrigeradores en Europa y continúan resistiéndose a fabricarlos en el América Latina. 

Greenpeace, noviembre de 2003

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